CHARLES BUKOWSKI
Soy un fracaso
Le puse el seguro a la puerta del auto
y al levantar la mirada vi a este tipo
caminando hacia mí
se parecía a Peter mi viejo amigo,
pero no era Peter
era un hombre demacrado
en jeans y camisa azul de trabajo
y me dijo:
“oye, mi esposa y yo
necesitamos algo para comer,
morimos de hambre”
Miré detrás de él,
y ahí estaba su mujer
que me miró con ojos a punto
de lágrima.
Le di un billete de cinco.
“¡Te amo, hombre!”, gritó,
“No me lo gastaré en bebida”.
“¿Por qué no?”, le contesté,
“Es lo que yo haría…”
Me alejé para entrar a un edificio
arreglé unos cuantos asuntos
salí, regresé al auto
como siempre pensando
si hice lo correcto
o si fui víctima de un engaño.
Mientras conducía
recordé mis años de miseria
hambriento más allá de cualquier arreglo
nunca pedí a nadie un centavo.
Esa noche, después de unos tragos,
le expliqué a la mujer con la que vivía
lo mucho que daba dinero a vagabundos
pero que yo en los tiempos más obscuros
de hambre en mi vida
me negué a pedir nada a nadie.
“Lo que pasa es que ni para eso
servías”, dijo ella.
CONFESIÓN
Esperando a la muerte
como un gato
que saltará sobre la cama.
Estoy apenado por mi esposa.
Ella verá este cuerpo
rígido y blanco.
Lo sacudirá una vez, entonces
quizás de nuevo: “Hank”
Hank no contestará.
No es mi muerte
lo que me preocupa,
es mi esposa sola
con esta pila de nada.
Quiero que sepa
que todas las noches
durmiendo a su lado.
Incluso las discusiones
inútiles, fueron cosas
espléndidas.
Y las duras palabras
que siempre tuve miedo
de decir, pueden ahora ser
dichas: “Te amo”
Sí, Sí
Cuando Dios creó el amor no ayudó mucho
cuando Dios creó a los perros no ayudó a los perros
cuando Dios creó las plantas no fue muy original
cuando Dios creó el odio tuvimos algo útil.
Cuando Dios me creó a mí, bueno, me creó a mí.
Cuando Dios creó al mono estaba dormido
cuando creó a la jirafa estaba borracho
cuando creó las drogas estaba drogado
y cuando creó el suicidio estaba deprimido.
Cuando te creó a ti durmiendo en la cama
sabia lo que hacia
estaba borracho y drogado
y creó las montañas y el mar y el fuego al mismo tiempo.
cometió algunos errores
pero cuando te creó a ti durmiendo en la cama
se derramó sobre su Bendito Universo
¿ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR?
Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del computador
o clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa solo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.
Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.
Si primero tienes que leerlo a tu esposa
o a tu novia o a tu novio
o a tus padres o a cualquiera,
no estás preparado.
No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
o hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.
LANZAR LOS DADOS
Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
De otra forma ni siquiera comiences.
Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
Esto puede significar perder novias,
esposas, parientes, trabajos y,
quizá tu cordura.
Ve hasta el final.
Esto puede significar no comer por 3 o 4 días.
Esto puede significar congelarse en la banca de un parque.
Esto puede significar la cárcel.
Esto puede significar burlas, escarnios, soledad…
La soledad es un regalo.
Los demás son una prueba de tu insistencia, o
de cuánto quieres realmente hacerlo.
Y lo harás,
a pesar del rechazo y de las desventajas,
y será mejor que cualquier cosa que hayas imaginado.
Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
No hay otro sentimiento como ese.
Estarás a solas con los dioses
y las noches se encenderán con fuego.
Hazlo, hazlo, hazlo. Hazlo.
Hasta el final, hasta el final.
Llevarás la vida directo a la perfecta carcajada.
Es la única buena lucha que hay.
Oh Sí
Hay cosas peores que estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que un demasiado tarde
EL CORAZÓN QUE RÍE
Tu vida es tu vida
no dejes que sea golpeada
contra la húmeda sumisión
mantente alerta, hay salidas
Hay una luz en algún lugar
puede que no sea mucha luz,
pero vence a la oscuridad
Mantente alerta
los dioses te ofrecerán oportunidades
conócelas, tómalas
No puedes vencer a la muerte,
pero puedes vencer a la muerte en la vida,
a veces
y mientras más a menudo aprendas a hacerlo,
más luz habrá
Tu vida es tu vida
conócela mientras la tengas
Tú eres maravilloso
los dioses esperan
para deleitarse en ti.
EL INCENDIO DE UN SUEÑO
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
ha sido destruida por las llamas.
Aquella biblioteca del centro.
Con ella se fue
gran parte de mi juventud.
Estaba sentado en uno de aquellos bancos
de piedra cuando mi amigo
Baldy me preguntó:
«¿vas a alistarte en
la brigada Lincoln?».
«Claro», contesté yo.
Pero, al darme cuenta de que yo no era
un idealista político ni un intelectual
renegué de aquella decisión más tarde.
Yo era un lector entonces
que iba de una sala a otra:
literatura, filosofía,
religión, incluso medicina y geología.
Muy pronto decidí ser escritor,
pensaba que sería la salida más fácil
y los grandes novelistas no me parecían
demasiado difíciles.
Tenía más problemas con
Hegel y con Kant.
Lo que me fastidiaba
de todos ellos es que
les llevara tanto
lograr decir algo
lúcido y/o interesante.
Yo creía que en eso
los sobrepasaba a todos entonces.
Descubrí dos cosas:
a) Que la mayoría de los editores creía
que todo lo que era aburrido era profundo.
b) Que yo pasaría décadas enteras
viviendo y escribiendo
antes de poder plasmar
una frase que se aproximara un poco
a lo que quería decir.
Entretanto
mientras otros iban a la caza de damas,
yo iba a la caza de viejos libros,
era un bibliófilo, aunque desencantado,
y eso y el mundo
configuraron mi carácter.
Vivía en una cabaña de contrachapado
detrás de una pensión de 3 dólares y medio
a la semana sintiéndome un Chatterton
metido dentro de una especie de Thomas Wolfe.
Mi principal problema eran
los sellos, los sobres, el papel y el vino,
mientras el mundo estaba al borde
de la Segunda Guerra Mundial.
Todavía no me había atrapado
lo femenino, era virgen
y escribía entre 3 y 5 relatos por semana
y todos me los devolvían,
rechazados por el New Yorker, el Harper’s,
el Atlantic Monthly.
Había leído que
Ford Madox Ford solía empapelar
el cuarto de baño
con las notas que recibía rechazando sus obras
pero yo no tenía cuarto de baño,
así que las amontonaba en un cajón
y cuando estaba tan lleno
que apenas podía abrirlo
sacaba todas las notas de rechazo
y las tiraba junto con los relatos.
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
seguía siendo mi hogar
y el hogar de muchos otros vagabundos.
Discretamente utilizábamos los aseos
y a los únicos que echaban de allí
era a los que se quedaban dormidos
en las mesas de la biblioteca;
nadie ronca como un vagabundo
a menos que sea alguien
con quien estás
casado.
Bueno, yo no era realmente un
vagabundo, yo tenía tarjeta de la biblioteca
y sacaba y devolvía libros,
montones de libros,
siempre hasta el límite de lo permitido:
Aldous Huxley, D. H. Lawrence,
E. E. Cummings, Conrad Aiken, Dos Passos,
Turgénev, Gorki, H. D., Nietzsche,
Schopenhauer, Steinbeck, Hemingway, etc.
Siempre esperaba que la bibliotecaria
me dijera: «qué buen gusto tiene usted,
joven».
Pero la vieja puta ni siquiera sabía
quién era ella, cómo iba a saber
quién era yo.
Pero aquellos estantes contenían
un enorme tesoro:
me permitieron descubrir
a los poetas chinos antiguos
como Tu Fu y Li Po
que son capaces de decir en un
verso más que la mayoría en treinta o
incluso en cientos.
Sherwood Anderson debe de haberlos
leído también.
También solía sacar y devolver
los Cantos y Ezra me ayudó
a fortalecer los brazos si no el cerebro.
Maravilloso lugar
la Biblioteca Pública de Los Ángeles
fue un hogar para alguien
que había tenido un hogar infernal
Arroyos demasiado anchos para saltarlos
lejos del mundanal ruido contrapunto
el corazón es un cazador solitario
James Thurber, John Fante,
Rabelais de Maupassant
Algunos no me decían nada:
Shakespeare, G. B. Shaw,
Tolstoi, Robert Frost, E Scott Fitzgerald,
Upton Sinclair me llegaba más
que Sinclair Lewis
y consideraba a Gogol y a Dreiser
tontos de remate
Pero tales juicios provenían más
del modo en que un hombre
se ve obligado a vivir que de su razón.
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
muy probablemente evitó
que me convirtiera en un suicida,
un ladrón de bancos, un tipo
que pega a su mujer,
un carnicero o un motorista de la policía
y, aunque reconozco que
puede que alguno sea estupendo,
gracias a mi buena suerte
y al camino que tenía que recorrer,
Aquella biblioteca estaba allí
cuando yo era joven y buscaba
algo a lo que aferrarme
y no parecía que hubiera mucho.
Y cuando abrí el periódico
y leí la noticia sobre el incendio
que había destruido
la biblioteca y la mayor parte de
lo que en ella había le dije a mi mujer:
«yo solía pasar horas y horas allí…».
El oficial prusiano
el atrevido muchacho de trapecio
tener y no tener
no puedes retornar a tu hogar.
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