FEDERICO BARRETO
Federico Barreto Bustíos. Nació en Tacna en 1862. “El cantor del cautiverio”.
ÚLTIMO RUEGO
Ódiame por piedad, yo te lo pido…
¡Ódiame sin medida ni clemencia!
Más vale el odio que la indiferencia.
El rencor hiere menos que el olvido.
Yo quedaré, si me odias, convencido,
de que otra vez fue mía tu existencia.
Más vale el odio a la indiferencia.
¡Nadie aborrece sin haber querido!
ANTES QUE TÚ
Sonríes al pasar, con ironía,
Porque me juzgas un rival vencido…
¡Imbécil! La mujer que has elegido,
antes que fuera tuya ha sido mía.
En sus labios de rosa bebí un día,
la esencia del licor apetecido.
Y tú, ¿de qué te ríes? ¿Qué has bebido?
¡Las sobras de la copa de ambrosía!
EL NIDO VACÍO
En un tiempo mejor, aquí vivía
el ángel tutelar de mis amores.
A la oración, en estos corredores,
ella, mis versos, repetir solía.
Este era su jardín. Aquí venía,
al despuntar el alba, a coger flores.
¡Bajo este limonero, hoy sin verdores,
nos despedimos para siempre, un día!
Han pasado los años. A su huerto,
ya nadie viene al despuntar la aurora…
¡Desde que ella se fue quedó desierto!
Un cementerio es su jardín ahora,
y aquí, en las sombras, cuando el día ha muerto,
el alma mía por su ausencia llora…
EL BESO
Con candoroso embeleso
y rebozando alegría,
me pides morena mía
que te diga… ¿Qué es un beso?
Un beso es el eco suave de un canto,
que más que canto es un himno sacrosanto
que imitar no puede el ave.
Un beso es el dulce idioma
con que hablan dos corazones,
que mezclan sus impresiones
como las flores su aroma.
Un beso es…no seas loca…
¿Por qué me preguntas eso?
¡Junta tu boca a mi boca
y sabrás lo que es un beso!
SIN CORAZÓN
Loco de rabia y despecho,
resolví en cierta ocasión,
abrir a mi amada el pecho
y arrancarle el corazón.
Así sabré dije fiero,
si el corazón de la ingrata
que sin piedad me maltrata,
es de piedra o de acero.
La aceche, luego sin calma
y con un largo puñal
rasgue el seno virginal
de aquella mujer sin alma.
Y cuando a mis pies la vi,
un grito horrible lance
¡y mis manos sepulte,
en la herida que le abrí!
Busque, luego, temerario
dentro de su pecho impío
y su pecho estaba frio,
como el fondo de un osario.
Busque…, busque con tesón
y no halle lo que buscaba;
¡la mujer que tanto amaba,
no tenía corazón!
ENIGMA
Eres un enigma que no tiene clave
te distingues de todas las mujeres,
nadie puede saber si odias o quieres,
sobre tu pecho hay que escribir: ¡Quién sabe!
Tienes algo de fiera y algo de ave,
un día besas y otro día hieres
¿Qué ambicionas? ¿Qué esperas? ¿Qué prefieres?
¡Tanto misterio en la razón no cabe!
Yo quisiera olvidarte y no te olvido;
desearía con ansia aborrecerte,
y nunca a nadie como a ti he querido.
Gozo al mirarte y no quisiera verte
¡Eres mujer mi fruto prohibido!
¡Me das la vida y a la vez la muerte!
AL PERÚ
¡Patria del corazón! La suerte un día,
te hundió en el pecho con furor la espada,
y hoy, abatida pero no humillada,
pareces un león en la agonía.
Antes, cuando dichosa te veía,
fuiste por mí con entusiasmo amada;
pero hoy, que veo que eres desgraciada
no te amo ya… ¡te tengo idolatría!
¡Oh! ¡Quien pudiera, Patria, quien pudiera
disipar las tinieblas de tu cielo
y sucumbir envuelto en tu bandera!
Yo, tal fortuna es todo lo que anhelo,
¡y que me echen de cara cuando muera,
para besar el polvo de tu suelo!
QUEJA A DIOS
Me has entregado, ingrata, al abandono,
y yo, que tanto y tanto te he querido,
ni tu negra traición echo en el olvido
ni disculpo tu error... ¡ni te perdono!
No intentes, pues, recuperar el trono
que en mi pecho tuviste, y has perdido.
En el fondo del alma me has herido
y en el fondo del alma esta mi encono.
Yo no podría, es cierto, aunque quisiera,
castigar como debo tu falsía;
mas la mano de Dios es justiciera...
¡Castígala, Señor con energía!
Que sufra mucho; ¡Pero que no muera!
¡Mira que yo la adoro todavía!
TU CASTIGO
Después de tu traición no he vuelto a verte
te ocultas porque temes que algún día
exclame en alta voz para perderte:
¡Esa mujer que pasa ha sido mía!
No temas nada soy hidalgo y fuerte
y en mi honradez de caballero fía
guardaré tu secreto hasta la muerte.
¡Antes que divulgarlo moriría!
No seré yo que fui feliz contigo,
quien salpique de lodo tu semblante,
¡Tendrás el desengaño por castigo...!
Algún día llorando como loca
me llamarás, a gritos, y tu amante
las manos viles te pondrá en la boca...
MI PATRIA Y MI BANDERA
Desde que vi la luz, mi pecho anida
Dos amores; mi Patria y mi Bandera.
Por mi patria, el Perú ¡yo doy la vida!
Por mi bandera, ¡El alma, el alma entera!
Yo quiero que mi patria bien querida
Vuelva a ser en América lo que era
Que su enseña blanca y encendida
Flote muy alto y sea la primera.
¡Mi patria, mi Bandera!
¡Mi patria y mi Bandera!
Desde niño fueron mis encantos
Fueron mis cariños.
Ni la sangre que deja horribles huellas
Ni el lodo que es baldón caiga sobre ellas
Hay que evitar la afrenta sobre todo
Lodo, lodo eso nunca
Sangre antes que lodo.
MADRE MÍA
Madre mi amor, tu carta he recibido
y he llorado sobre ella tanto, tanto
que sus renglones han desaparecido
bajo las turbias gotas de mi llanto.
“Hijo — me dices con ferviente anhelo
en esos signos que mi pecho adora
Dios te bendiga desde el alto cielo
como yo te bendigo en cada aurora”.
“Hijo, sé bueno y como bueno honrado;
no arrastres jamás sobre la escoria,
y cuando bajes al sepulcro helado
Dios como premio te dará su gloria”.
Ama a la ciencia y brillará tu mente,
gana por fin la meta de ese modo
mira hijo mío, que en la edad presente
tan solo es grande el que lo sabe todo.
Se paladín de toda causa buena,
coloca la razón sobre el deseo,
y cada vez que ruedes en la arena,
álzate con más fuerzas como Anteo.
No envidies con rencor lo que te admira,
porque la envidia ruin, tenlo presente
es una gloria para el que la inspira
y es un veneno para quien la siente.
El premio de la lucha es la victoria
combate pues, con pecho decidido
¿vacilas? ¡vuelve a conquistar la gloria!
quien no espera vencer esta vencido.
Si odias, depón tu encono envenenado,
si amas, mantén tu amor hasta la muerte
y, ya seas feliz o desgraciado
aprende a conformarte con tu suerte.
Ama a la Patria con amor profundo,
ámala con inmensa idolatría
¡más que a mí misma! ¡más que a todo el mundo!
¡mira que es tuya y es madre mía!
Respeta siempre todos mis consejos,
si buscas paz, si quieres tener calma,
y hoy que me tienes de tu vista lejos
no me olvides jamás hijo de mi alma.
Esto me dices en tu carta bella,
y yo te juro madre bendecida,
que las lecciones que me das en ella
serán desde ahora la norma de mi vida.
Seré austero, sagaz, justo y honrado
como
tú lo ambicionas y lo esperas,
por tu amor seré yo bueno o malvado
por tu amor seré yo… lo que tú quieras.
INDIANA
India bella, Cori huraña,
ponte tu incuña florida
y en secreta y dulce huida
vámonos a la montaña…
Haremos una cabaña
y en ella, chola querida,
será dulce nuestra vida
como la miel de la caña.
De día, iremos sin penas
a buscar flores y nidos
en las riberas amenas,
y de noche, siempre unidos,
tocaremos nuestra quenas
hasta quedarnos dormidos…
A GRITO HERIDO
A Enrique Hurtado Arias
¡Ser rebelde es ser libre! Yo me alabo
de profesar por norma esta doctrina.
Para mi, el hombre que la frente inclina
es digno de baldón y menoscabo.
Al siervo que es indócil y que es bravo
si no se humilla al fin, se le extermina…
¡Nada importa! ¡Que venga el que asesina!
¡Preferible es morir que ser esclavo!
Quien no puede surgir, tenga entereza,
y sea, mientras busca su mendrugo,
fuerte en su pena, grande en su pobreza…
¡No hay que ceder ni en manos del verdugo!
¡Sólo los bueyes bajan la cabeza
para que el labrador les ponga el yugo!
A LA PATRIA LIBRE
Por ver la Patria libre aquí he venido
desde la tierra de mi nacimiento,
y al ver sus playas y su firmamento,
feliz, con toda el alma me he sentido.
Y que en mi propio hogar esclavo he sido,
libre como la luz aquí me siento...
¡Aquí flamea mi bandera al viento!
¡Esta es la Patria que jamás olvido!
Para ella quiero yo paz y ventura
que brille el sol tras de la noche oscura
y que ese sol no nos sorprenda inertes.
Hagamos la obra que el deber indica;
es preciso ser grande y ser fuerte:
¡es preciso salvar Tacna y Arica!
AL SEPARARNOS
Mañana, cuando llores sin consuelo
la juventud que pasa y no regresa,
y adviertas con dolor y con sorpresa
hebras de nieve entre tu pelo negro.
Mañana, cuando sientas tu alma herida
y rueden sobre el polvo de la vida
las hojas secas de ilusiones...
Mañana, cuando al fin una pena honda
te haga sufrir tormentos no sufridos,
y gimas y nadie oiga tus gemidos
y llames sin que nadie te responda...
Mañana, cuando caiga fulminado
al golpe de tu saña desmedida,
y me oigas pronunciar tu nombre santo
con el último aliento de la vida...
Entonces, ¡Ay! entonces estoy cierto
de que al fin te hará falta mi ternura,
y llorarás con intensa amargura
y tendrás compasión del pobre muerto...
Y desolada, inconsolable y triste
me llamarás con ánimo cobarde,
y yo desde la tumba que me abriste,
“ya es tarde ingrata” te diré, “ya es tarde”,
y al ver tu dicha y esperanza trunca,
exclamarás transida de quebranto:
¿Por qué Señor, por qué no lo amé nunca,
si era tan bueno, si me amaba tanto?
Y sin tener quien te oiga ni te aguarde,
irá al cielo a perderse tu plegaria,
y yo desde la tumba solitaria
“ya es tarde ingrata” te diré, “ya es tarde”
Más allá de la muerte
Es invierno, y una noche negra, fría y tempestuosa.
En la lúgubre capilla de un asilo monacal,
yace el cuerpo inanimado de una joven religiosa
que, agobiada por la pena se murió como una rosa
arrancada de su tallo por el fiero vendaval.
Blanco traje que realza su magnífica belleza,
simboliza su inocencia, su bondad y su candor;
rosas blancas en capullo le circundaban la cabeza,
y parece aquella virgen que murióse de tristeza,
una novia desmayada en su tálamo de amor…
El silencio que allí reina es tan sólo interrumpido
por el viento que sacude las vidrieras al pasar,
por el viento, y otras veces por el tétrico graznido
de los búhos que allí moran, que han formado allí su nido
y que atisban lo que pasa, por las grietas de un altar.
Cuatro cirios iluminan con fulgores inseguros
el cadáver de aquel ángel de belleza y de virtud,
y las sombras que proyectan esos cirios en los muros
van y vienen en silencio por los ámbitos obscuros
como un coro de fantasmas circundando el ataúd.
Mil rumores misteriosos, mil incógnitos sonidos,
llegan vagos y confusos a la casa del Señor…
Es un lúgubre concierto de sollozos y gemidos,
de susurros y plegarias…de mil ecos doloridos
que acongojan y estremecen, que dan pena y dan horror…
Dan las doce lentamente sobre el viejo campanario,
Y al vibrar en la capilla la hora tétrica y fatal,
sale un monje de albo traje por la puerta del sagrario,
atraviesa a pasos lentos el recinto solitario
y se postra de rodillas ante el lecho funeral.
Se diría que le agobia todo un mundo de tristeza,
que le mata el desconsuelo, que se muere de aflicción…
¿Por qué crispa sus dos manos?…¿Por qué inclina la cabeza?…
¿por qué tiembla? ¿por qué gime? ¿por qué llora? ¿por qué reza?…
¡Hay misterios que estremecen hasta el fondo el corazón!…
De repente se alza el monje del helado y duro suelo,
a la muerta se aproxima y la llama a media voz:
y al ver que ella sigue muda, sigue fría como el hielo,
la acaricia con ternura, la mirada eleva al cielo
y murmura entre los dientes: ¡Que injusto eres, Santo Dios!
Luego clava sus pupilas en la pálida doncella,
la contempla largo tiempo con recóndita piedad
y cogiendo entre sus manos una mano de las de ella,
la aproxima hasta sus labios, con un ósculo la sella,
y habla y gime y llora a gritos como un niño en la orfandad.
‘¡Dora, clama, Dora mía!’ Te estoy viendo muda y yerta,
y no creo que la muerte haya osado herirte a ti…
¡Muerta tú…! ¿Será posible? ¡No, mil veces…! No estás muerta.
Duermes…Sueñas…Estás viva…¡Por piedad, mi amor, despierta.
No te mueras…No me dejes…¡Vive, y vive para mí!
‘Yo era huérfano, yo estaba triste y solo en este suelo:
más Dios quiso que te hallara y no tuve penas ya.
¿Lo oyes Dora? ¡Dios lo quiso! Piedad tuvo de mi duelo
y para ángel de mi guarda te envió un día desde el cielo,
tú no puedes, pues, morirte…¡Dios no quita lo que da!
‘Así, envuelta en blancos tules, coronada así de flores
te ofrecí llevarte al templo y jurarte esclavitud…
¡Sueño efímero! Tus padres, por matar nuestros amores,
te encerraron en este antro de recónditos dolores,
y hoy que vengo aquí a buscarte, te hallo aquí en un ataúd.
¡Pobre novia de mis sueños! ¡Pobre tórtola sin nido!
¡Virgen mártir que viviste con el alma rota en dos!
¿Por qué callas si te llamo?¿Por qué no oyes mi gemido?
¿Te cansaste de esperarme y a los cielos has partido?
¡Vuelve, vuelve…te lo ruego…yo te quiero más que Dios!’
Calla el monje, más de pronto, como un loco que se excita,
coge en brazos a aquel ángel que en la vida tanto amó,
y besándole en la boca: ‘Vuelve en ti, por Dios, le grita,
toma mi alma en este beso. ¡Resucita! ¡Resucita!
Toma mi alma, toma mi alma…¿Vive tú aunque muera yo!’
Un prodigio se ve entonces: ella agita sus despojos
como herida de repente por el dardo del dolor:
en sus pálidas mejillas aparecen tintes rojos:
quiere hablar; mueve los labios; ya despierta; abre los ojos;
todo alienta… hasta la muerte…a los besos del amor…!
Un aurora clara y bella a la noche ha sucedido:
en el templo que el sol baña y comienza a iluminar,
yace el monje de albo traje, junto al féretro tendido,
y los búhos que allí moran, que han formada allí su nido,
le contemplan con asombro por las grietas del un altar.
Está muerto y se diría que perdura su hondo duelo,
que repite entre los dientes: ‘¡Qué injusto eres Santo Dios!’
Está muerto. Le mataron el dolor y el desconsuelo.
No halló aquí a su prometida y a buscarla se fue al cielo.
¡Ya están juntos! Una tumba es la tumba de los dos.
MADRE MÍA
Madre mi amor, tu carta he recibido
y he llorado sobre ella tanto, tanto
que sus renglones han desaparecido
bajo las turbias gotas de mi llanto.
“Hijo — me dices con ferviente anhelo
en esos signos que mi pecho adora
Dios te bendiga desde el alto cielo
como yo te bendigo en cada aurora”.
“Hijo, sé bueno y como bueno honrado;
no arrastres jamás sobre la escoria,
y cuando bajes al sepulcro helado
Dios como premio te dará su gloria”.
Ama a la ciencia y brillará tu mente,
gana por fin la meta de ese modo
mira hijo mío, que en la edad presente
tan solo es grande el que lo sabe todo.
Se paladín de toda causa buena,
coloca la razón sobre el deseo,
y cada vez que ruedes en la arena,
álzate con más fuerzas como Anteo.
No envidies con rencor lo que te admira,
porque la envidia ruin, tenlo presente
es una gloria para el que la inspira
y es un veneno para quien la siente.
El premio de la lucha es la victoria
combate pues, con pecho decidido
¿vacilas? ¡vuelve a conquistar la gloria!
quien no espera vencer esta vencido.
Si odias, depón tu encono envenenado,
si amas, mantén tu amor hasta la muerte
y, ya seas feliz o desgraciado
aprende a conformarte con tu suerte.
Ama a la Patria con amor profundo,
ámala con inmensa idolatría
¡más que a mí misma! ¡más que a todo el mundo!
¡mira que es tuya y es madre mía!
Respeta siempre todos mis consejos,
si buscas paz, si quieres tener calma,
y hoy que me tienes de tu vista lejos
no me olvides jamás hijo de mi alma.
Esto me dices en tu carta bella,
y yo te juro madre bendecida,
que las lecciones que me das en ella
serán desde ahora la norma de mi vida.
Seré austero, sagaz, justo y honrado
como tú lo ambicionas y lo esperas,
por tu amor seré yo bueno o malvado
por tu amor seré yo… lo que tú quieras.
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